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Carta abierta al Sr. Riley Bechtel, Gerente General de Bechtel Enterprises

Por Jim Schultz, Centro de la Democracia

Estimado Sr. Bechtel:

Luego de recibir respuesta de su departamento de relaciones públicas he decidido escribirle a usted directamente desde una ciudad que conoce muy bien: Cochabamba, Bolivia.

Fue aquí, hace dos años, que una subsidiaria de Bechtel asumió la gestión del sistema público de suministro de agua y, al cabo de unas semanas, dobló y triplicó las tarifas para algunas de las familias más pobres de América del Sur. Su empresa ordenó a las madres que vivían con un salario mínimo de $60 por mes a pagar $15 o más, sólo para que el agua siguiera saliendo de los grifos.

El pueblo al verse, muy literalmente, confrontado con la decisión de escoger entre agua y comida, salió a las calles y exigió que se redujeran las tarifas, a lo cual su empresa se negó. El gobierno boliviano envió soldados a las calles para defender el contrato de su empresa. Un joven de 14 años, Víctor Hugo Daza, murió al recibir un disparo en la cara y más de cien personas resultaron seriamente heridas. Yo estuve ahí y vi lo que pasó.

Finalmente, en abril de 2000, su empresa salió del país. Tenía que hacerlo. Las protestas y la violenta respuesta del gobierno no terminarían hasta que ustedes se fueran. Sus subordinados no se fueron con las manos vacías. Se llevaron los discos duros de las computadoras, el dinero en las cuentas de la empresa y archivos confidenciales del personal que existían desde antes que ustedes llegaran. También dejaron sin pagar una factura por servicios eléctricos de $90.000.

Su empresa ahora dice que quiere más. El mes pasado su empresa presentó una demanda por $25 millones contra el pueblo boliviano. Sus abogados están reclamando como pérdidas los millones de dólares que su empresa esperaba recibir con las ganancias potenciales y que no se les permitió.

Entiendo que desde la sede de su compañía en la Calle Beale, con vista a la espléndida Bahía de San Francisco, usted tiene una perspectiva diferente. Su empresa pagó una gran cantidad de dinero no revelada a sus abogados para que establecieran una compañía en las Islas Caimán y luego lo representaran en un concurso a puerta cerrada y en el que participó un solo licitador. Luego pagó a administradores de servicios de agua provenientes de Inglaterra para que vinieran aquí y se hicieran cargo de la gestión total. Estas personas le brindaron servicios de una calidad peor de lo que usted se imagina ya que crearon una crisis social tan severa que su empresa se vio obligada a abandonar el país. Ahora Bechtel y sus afiliados quieren indemnizaciones en efectivo.

Imagínese, si tiene la voluntad de hacerlo, cómo es la situación para los bolivianos que vivieron en carne y hueso la crisis del aumento del costo del agua. Su empresa se instaló aquí y empezó a cobrar tarifas que la gente nunca podría pagar, sabiendo de antemano que dicho aumento provocaría exactamente el tipo de violentas convulsiones que se dieron. Tal como uno de sus socios me dijo ambiguamente en una carta ¨un acelerado incremento en las tarifas de agua sería difícil desde el punto de vista social¨  Es importante señalar que cuando se le pidió a su empresa, en términos razonables, que disminuyera las tarifas ésta se rehusó.

Cuando estalló una violenta crisis en la ciudad debido al aumento de las tarifas sus administradores se escondieron en un hotel de cinco estrellas, satisfechos con dejar que los soldados dispararan contra los que protestaban por su presencia aquí. Ahora, tras la muerte, daño y sufrimiento que ya ha causado aquí, Bechtel tiene la arrogancia de agregar a ello un reclamo por daños financieros contra estas mismas personas.

Pocas personas dudan en este país que Bechtel es capaz, recurriendo a trucos legales y a todo su poder, de sacar millones de dólares al Ministerio de Hacienda de Bolivia. Una vez más, ustedes se sentarán a puertas cerradas con oficiales del gobierno boliviano y esta vez se someterán a un proceso de arbitraje patrocinado por el Banco Mundial. El gobierno ha presupuestado $50.000 para contratar a abogados norteamericanos que lo representen, una suma que de lejos no se compara con el capital de su empresa.

El presidente boliviano desesperado por mostrar que acoge con beneplácito las inversiones extranjeras, rápidamente le extenderá a su compañía un cheque para finiquitar el asunto. Sus pérdidas, como sea que las calcule, son números en un libro de contabilidad. La pérdida de la señora Daza, su hijo, está enterrado en un cementerio. Nadie la representará en los procedimientos arbitrales de Bechtel.

Para una compañía como la suya, con ingresos que exceden los 14 mil millones de dólares anualmente, 25 millones de dólares son las ganancias que su empresa percibe en una mañana de un día cualquiera. ¿Qué representa su acción legal para los bolivianos, para las familias que ya fueron afectadas profundamente en una ocasión por haber intervenido Bechtel en sus vidas?

Aquí en Bolivia, 25 millones de dólares es el costo anual de la contratación de 3.000 médicos rurales, o de 12.000 profesores fiscales, o el precio de conectar a 125.000 familias a los servicios de públicos de agua. ¿Cuál de esos servicios sugeriría usted que Bolivia renuncie para poder pagarle a su compañía?

Su departamento de relaciones públicas niega la responsabilidad de Bechtel en este asunto, alegando que su compañía es sólo un accionista minoritario en la empresa filial que hizo negocios en este país. Esta argumentación resulta conveniente. Según parece toda la compañía es de propiedad de accionistas minoritarios, Bechtel, sin embargo, es el socio principal entre todos. Sin duda alguna, una de las lecciones más importantes que como padres tratamos de enseñar a nuestros hijos es que cada uno debe asumir la responsabilidad por sus propios actos. Los mismos estándares deberían aplicarse a las corporaciones.  Si la responsabilidad no es suya, siendo usted la cabeza de la corporación con la mayor participación, entonces ¿quién es responsable?

Así pues, usted puede elegir, o bien ordena a sus oficiales de relaciones públicas que hagan declaraciones huecas sobre equidad, mientras los pobres de Bolivia son el blanco de sus abogados, o puede hacer algo extraordinario: puede decidir que su compañía ya ha hecho suficiente daño en este país y seguidamente solicitar la anulación de su demanda y de su acción legal. Aún más puede hacer esto con la condición de que el gobierno boliviano asigne esos 25 millones de dólares para prestar servicios directos a los pobres.

Desde mi ventana, veo al anciano que se ha empeñado en construir una nueva acera toda la semana. El no pudo pagar las tarifas de agua impuestas por su compañía y ahora ni él ni sus hijos pueden pagar la indemnización que ustedes piden. En la declaración de los propósitos de su corporación se señala el compromiso de Bechtel de trabajar con las comunidades, ¨para ayudar a mejorar el nivel de vida y la calidad de vida¨. En Bolivia, cualquiera que sea la interpretación de esa declaración, Bechtel ha fallado terriblemente en este propósito. Entonces, la decisión es suya en cuanto a repetir el mismo error.

De usted atentamente,

Jim Shultz, Cochabamba, Bolivia

Envíe una carta suya al Sr. Riley Bechtel a la dirección electrónica: rbechtel@bechtel.com, o a: news@bechtel.com

Póngase en contacto...
The Democracy Center
USA: P.O. Box 22157, San Francisco, CA 94122
Bolivia: Casilla 5283, Cochabamba
Tel: 1-415-564 4767
Fax: 1-978-383 1269
E-mail: info@democracyctr.org
Web: www.democracyctr.org



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