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Fiascos en la privatizacion del agua: Yakarta, Indonesia

La privatización del agua en Indonesia nos muestra cómo los intereses de las corporaciones mundiales corrompen a los dictadores y como los créditos del Banco Mundial trabajan en función a ello para robar los recursos y bienes públicos de los ciudadanos de Indonesia. Hoy en día muchos de los pobres en Jakarta continúan sin conexiones de agua en sus casas. A principios de los 90, cuando el Banco Mundial acordó otorgar 92 millones de dólares en créditos para infraestructura relacionada con el agua, los representantes del banco aconsejaron al gobierno de Suharto, que debía privatizar. Con créditos claves multilaterales (Banco Mundial) y bilaterales (Japón) en juego, los más grandes conglomerados como las Suez y Thames comenzaron a movilizarse para tomar el sistema público de la ciudad.

Bajo la dictadura de Shuharto, hacer negocios en Indonesia significaba ser socios de una firma local. Gran parte de los negocios estaban controlados por la familia Suharto. Thames formo una alianza con el grupo Sigit, controlado por el hijo menor de Shuharto, Sugit Suharto. Suez trabajo con un cómplice de Suharto llamado Anthony Salim, presidente de una las más grandes compañías indonesas, el Grupo Salim.

No hubo un proceso de licitación limpio y transparente, pese a que el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo se presentan como promotores del “buen gobierno” y de procesos de privatización transparentes.

Mas aún, en 1997, después de prolongar las negociaciones privadas, los contratos fueron dados a dos nuevas entidades. Thames asociados con el Grupo Sigit  fue llamado PT Kekar Pola Airindo y la Suez asociada con el Grupo Salim se volvió PT Garuad Dipta Semestra. El hecho de que las leyes nacionales prohibieran inversiones extranjeras en la distribución del agua potable e impidieran inversiones privadas en esta área, fue, aparentemente, irrelevante.[i]

Se pensó que el nuevo contrato por 25 años con PAM Jaya, la administradora municipal de agua, seria lucrativo tanto para los inversores locales como para los inversores internacionales. Una predicción dijo que Thames alcanzaría los 25 millones de dólares en beneficios al décimo año del contrato.[ii] Inmediatamente, las nuevas compañías se movieron para poner nuevas y lujosas oficinas en el distrito comercial de Jakarta en vez de las viejas oficinas donde PAM había operado hasta entonces. Los salarios que se pagaban a los altos ejecutivos extranjeros que vivían en los más ricos vecindarios, eran mucho mas elevados que los salarios de los ejecutivos de PAM Jaya causando mucho resentimiento entre los empleados. Los contratos requerían que las nuevas compañías no sólo  manejaran el sistema, pero si que en los primeros cinco años expandieran las tuberías, invirtiendo 318 millones y sumando así a 1.5 millones de usuarios y cubriendo un total del 70% del servicio, incrementando el agua  y reduciendo las perdidas.[iii]PAM Jaya estuvo de acuerdo en obligar a la población y las entidades privadas a cerrar los pozos con los que contaban para que compraran agua de las compañías. (En 1997, cerca del 70% del agua para consumo en Jakarta provenía de pozos particulares.)

Los pagos a la compañía no estaban ligados a los ingresos recolectados, mas al contrario, cada compañía recibía un monto basado en el agua suministrada. De esta manera, las compañías desligaban sus beneficios de los riesgos y problemas de la recuperación de costos. Inicialmente las compañías demandaron sus pagos en dólares ya que ellos habían recibido prestamos en dólares, pero el gobernador de Jakarta amenazo con dimitir sobre este asunto y Thames y Suez aceptaron los pagos en rupias. Sin embargo, ellos insistieron en que los pagos deberían indexarse al dólar para proteger las ganancias de la devaluación de la moneda.

No hubo ninguna regulación o mecanismo de control. PAM Jaya no tenia el derecho de ver los reportes financieros de las compañías y no había sanciones por no cumplir con el funcionamiento proyectado.

En 1998, la crisis financiera asiática y la caída de Shuharto cambiaron el panorama político. Asustados por las protestas en las calles los altos ejecutivos de la Suez y Thames escaparon hacia Singapur. Enfrentado a una crisis del agua, el nuevo gobernador de Jakarta tuvo que tomar en sus manos la operación del servicio. Después de varias negociaciones, incluyendo la intervención de diplomáticos franceses e ingleses y un comunicado de la embajada británica que decía: “la violación del contrato influiría en la confianza de invertir en Indonesia,” el acuerdo fue hecho dejando las puertas abiertas para el retorno de la Suez y Thames pero con la condición de que debía hacerse una renegociación del contrato. [iv]Ya que Suharto tuvo que salir y el ex-presidente y su familia eran motivo de la ira de la población, Thames y Suez acordaron comprar las acciones de ellos para desligar cualquier vinculo con la familia de Suharto.

Una vez que las compañías estuvieron de vuelta, hubo una demora sustancial en la renegociación del contrato. La crisis financiera trajo dramáticas devaluaciones de la rupia, lo que implicó que los ingresos por parte de los usurarios cayeran en tanto que los pagos a las compañías privadas, indexadas al dólar   forzaron a PAM Jaya a endeudarse profundamente. Dada la tensa situación política en Indonesia un incremento en las tarifas a los consumidores fue repetidamente retrasado. Eventualmente un acuerdo fue alcanzado que proveía un marco regulatorio que permitía a PAM Jaya acceso a los reportes financieros de las compañías.

Como se pensó, inversión y expansiones previstas nunca fueron alcanzadas, pero al mismo tiempo, no había un mecanismo seguro de verificación de los reportes. Suez arguyó   de que incrementó conexiones en un 50% fallando con poco el 70% que fue fijado como meta. La inversión fue de cerca de 200 millones de dólares, fallando también con poco el objetivo que se había previsto. Los servicios de agua en Jakarta para los ricos, clase media e industriales fueron mejorados. Sin embargo, muchas de las comunidades pobres todavía no contaban con tuberías debido a que los costos para realizar las conexiones eran poco accesibles, arreglos poco formales en cuanto a su duración y falta de incentivos de PAM Jaya para que las compañías prestaran servicios a estas áreas.   Los usuarios todavía tenían que hervir el agua antes de consumirla.

Según el ingeniero de PAM Jaya, Feri Watna, “las compañías... vinieron, robaron todo lo que teníamos. Nosotros ya teníamos las redes de distribución, todas las tuberías, las instalaciones de agua, lo usuarios y todo lo demás antes de que ellos vinieran”. [v]



[i]Ley No 1?1967, Ministerio de Asuntos Internos. Decisión N0 3/1990 Citado en Argo y Firman “To privatize or not to privatize,” Built Enviroment 27(2).

[ii]Karen Bakker, “Urban governance, urban services, and private sector partnerships: the case of water supply in Jakarta,” Dept of Geography, University of British Colombia, August 2002.

[iii]Water and Politics in the Fall of Suharto,” Internacional Centerfor Investigative Journalism, Febrero 10, 2003, www.icij.org

[iv]International Consortium for Investigative Journalism. Según el ICIJ las compañías amenazaron al gobierno con una demanda si el contrato no era cumplido.

[v]ICIJ



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